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  Catamarca / Tucumán: Las lecciones de Famatina  
  Con la firma del Coordinador editor de EL SIGLO, Sergio Federovisky, una columna de opinión publicada en la última edición de la revista Noticias revela las implicancias de la megaminería. “Debemos analizar qué minería queremos, y no limitar el debate sólo a si contamina o no”.  
 
El Siglo (Argentina) 06-02-12
Sergio Federovisky, coordinador editor de EL SIGLO, publicó con su firma en la última edición de la revista Noticias una reveladora columna respecto a las implicancias de la megaminería y las lecciones que dejó el caso Famatina.
El ejemplo de la explotación de La Alumbrera y un estilo minero que genera más perjuicios que beneficios a la sociedad. A continuación, la columna de nuestro coordinador editor, quien además de periodista, es biólogo y presidente de Agencia Ambiental La Plata:
Hasta que Osiska, la dueña del polémico emprendimiento minero riojano, decidiera esta semana suspender el proyecto por falta de "licencia social", Famatina amenazaba con ser una nueva Botnia. Por el tenor del conflicto pero, además, por la pobreza del debate planteado.
De un lado, una porción movilizada de la sociedad rechaza una actividad que intuye amenazante y, del otro, se postulan representantes de la sensatez al afirmar que con controles y seriedad no hay nada que temer.
Gobierno y opositores coinciden en un discurso de corrección política: "Se deben asegurar los estándares ambientales", dice un analista; "debe garantizarse que no haya contaminación", sostiene el jefe de gabinete y, con notable temeridad, el gobernador Luis Beder Herrera afirma que el proyecto tendrá "contaminación cero". Como telón de fondo, la falaz pregunta que hoy se reedita: ¿contamina?
Como en el caso de la pastera, hay urgencia creciente por hallar a alguien que responda a ese interrogante por sí o por no, sin reparar en la trampa dialéctica que implica. Quienes exigen un sí saben que es una obviedad que nada agrega. Muchos persiguen que la respuesta sea no para, a renglón seguido, sostener que las protestas son un sin sentido y los temores, infundadas manipulaciones de extremistas de la ecología.
Preguntar si una actividad extractiva contamina es como preguntarse si la lluvia moja: moja cuando llueve y no moja cuando no llueve.
El diccionario define contaminación como "alteración de la pureza o condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos". Ergo, la sola intervención sobre una montaña para quitar el oro disperso en sus terrones implica contaminación.
Abramos un paréntesis. ¿Estamos hablando de "la" minería o de "esta" minería?

Estilo minero
La minería metalífera actual nada tiene que ver con el romanticismo del socavón y la zaranda para hallar la pepita de oro. Agotados los minerales en veta por la devastación del siglo pasado, la minería actual identifica en qué sitio hay más oro porcentual por gramo de tierra, dinamita la montaña señalada y luego separa, con ingentes cantidades de agua y cianuro, el metal precioso del resto.
Osisko tiene en marcha un resistido proyecto en el pueblo canadiense de Malartic, del que obligó a relocalizar una quinta parte de la ciudad para reexplotar una mina abandonada mediante un pozo de dos kilómetros por 400 metros de profundidad. El proyecto usa 25 millones de litros de agua y 11 toneladas de cianuro por día: ¿es válido que la población se inquiete?
Pretender que quien se opone a "esta" minería está en contra de "la" minería es una provocación tendiente a esconder justamente los dudosos métodos de "esta" minería. "Sin minería no habría metales; no habría progreso", escriben los empresarios en vocabulario de chantaje, como si quien denunciara publicidad engañosa en una marca de yogur estuviera en contra de la lactancia infantil.
"Si la tecnología es la misma que usan en sus países, no hay problemas", sostuvo el secretario de Medio Ambiente, Juan José Mussi. Cuestionable, pues el propio concepto de "estándar ambiental" es tan lábil como la época en que se decide usarlo como coartada: la industria celulósica o las curtiembres, aún contaminantes, manejaban hace cien años umbrales de vuelco de efluentes decenas de veces más permisivos que los actuales, y se los consideraba de avanzada. En 1944 el mundo celebró el descubrimiento del DDT y lo dispersó maravillado: hoy está prohibido en todo el planeta.
Sólo en una provincia de Canadá, país modelo, hay cien minas abandonadas con pasivos ambientales imposibles de remontar.
El estado de Montana es a los Estados Unidos lo que La Rioja a la Argentina: territorio montañoso, poco fértil, de alta oferta minera. La tecnología y el compromiso ambiental empresario, se supuso, garantizarían que Montana recuperara en el presente y de modo sustentable la pujanza minera del pasado. Escribe el biólogo Pared Diamond en su estupendo libro "Colapso": "A pesar del tradicional lazo que los habitantes de Montana tienen con la minería como valor tradicional que define la identidad de su estado, se han desilusionado cada vez más y han contribuido a la práctica desaparición del sector. En 1998, para sorpresa de la industria y de los políticos que apoyaban la industria y recibían apoyo de ésta, los votantes aprobaron en referéndum la prohibición del método de extracción de oro denominado minería de filtrado de cianuro". ¿Se podrá acusar a los avanzados ciudadanos de Montana de fundamentalistas ecológicos que se oponen al progreso?

Caso puntual
La oposición es a "esta" minería (no hay marchas contra la extracción de granito para mesadas) y a la forma criolla de practicarla. El Código minero otorga concesiones inusitadas. Como quien las señala es acusado de hereje, cito a quien confiesa para relevarlo de pruebas: la Consultora Claves ICSA explicó que en 2009 (año de crisis internacional) el sector minero fue el de mayor rentabilidad no sólo por el precio de sus exportaciones, sino por el régimen legal argentino, "de los más atractivos del mundo". Y para quienes denuestan la desconfianza social con el argumento de los controles, deberán saber que en la Argentina -como admitió Mussi - la Secretaría de Minería aprueba los proyectos y hace el control ambiental.

Zorro y ovejas en el mismo corral.
Ubicar a la minería como el motor de la buenaventura supone desconocer Catamarca. En 1994, el entonces gobernador Arnoldo Castillo, del brazo del ex presidente Carlos Menem, usó esta frase para saludar la radicación de mina La Alumbrera: "Hoy comienza el despegue, el día soñado para esta provincia tan postergada". No hay datos que validen esa afirmación tras 14 años de extracción de minerales.
No hay respuestas malas sino preguntas equivocadas.

Debate debido
Partiendo de aceptar que toda actividad extractiva tiene un impacto y que los estándares ambientales de hoy no son los que se tolerarán mañana, el debate ausente es qué grado de deterioro está dispuesto a soportar la sociedad para qué tipo de desarrollo.
El problema de Botnia no era la industria papelera, pues de hecho en Argentina hay producción más contaminante que la pastera finlandesa.
El problema era cuánta contaminación estaba dispuesta a tolerar Gualeguaychú según su expectativa de desarrollo. Hace nueve años, el pueblo de Esquel puso como argumento su desarrollo turístico para votar 80 a 20 en un plebiscito su rechazo a la minería aurífera.
¿Es la minería la única arma de desarrollo que poseen las provincias de la Cordillera? Si los habitantes de La Rioja, como antes los de Esquel, no desean convivir con la amenaza del deterioro ambiental (millones de litros de agua escamoteados a olivos y viñedos más toneladas de cianuro), ¿no sería justo explorar otros modelos de desarrollo acaso más armónicos y con mayor licencia social?
 
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