Muy pronto, en junio de este año, volverá a celebrarse en Río de Janeiro una cumbre global convocada por las Naciones Unidas, veinte años después de la primera y en la misma ciudad.
A la que se realizó en 1992, que fue conocida como la Cumbre de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo, habían asistido más de 100 Jefes de Estado y en ella se difundió el concepto de desarrollo sostenido, ese que debe ser capaz de "satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades", según la fórmula elaborada por la Comisión Bruntland en 1987 y adoptada en todo el mundo.
También se confeccionó en esa oportunidad la Agenda 21, un plan de acción económico y social para todo el planeta, con la mira puesta en la conservación de los recursos naturales, el fortalecimiento de los medios de gestión, incluidos recursos financieros, transferencia tecnológica, educación, y los instrumentos jurídicos internacionales. Era la primera vez que Gobiernos, empresarios y la sociedad civil organizada se reunían para armar una agenda común sobre los problemas del planeta y discutirlos.
Dos décadas después, es evidente que se ha logrado avanzar sobre algunos temas, pero, al mismo tiempo, no ha sido suficiente. Sin embargo, hay que destacar algo muy importante: hoy, gran parte de la población global es consciente de que si no se reacciona rápidamente y se actúa en conjunto la vida sobre la Tierra se deteriora cada vez más y se ve seriamente amenazada con la extinción.
Hay mucho temas pendientes -uno de los más graves es el cambio climático y sus consecuencias, cada vez más comprobables a simple vista-, y todo lo que falta afecta la forma misma de lo que producimos y cómo lo producimos y consumimos, y cómo nos organizaremos para obtener un desarrollo sostenible global (y que éste termine siendo algo más que una hermosa definición).
La cumbre de Río + 20 estará centrada, entonces, en dos ejes prioritarios: el de una economía "verde" en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y el del marco institucional del desarrollo sostenible. Será la gran oportunidad, además, para que se desarrollen nuevos y fuertes liderazgos, porque hasta ahora los dirigentes políticos más importantes del mundo han sido los últimos en aggiornarse en esta nueva forma de encarar el futuro. Por eso, estos liderazgos deberán ser logrados independientemente de la ubicación geográfica, sectorial o ideológica.
Esta próxima reunión es ansiosamente esperada por todos los que están profundamente involucrados, desde las organizaciones de la sociedad civil en todo el mundo, en un cambio necesario, urgente y para todos por igual, de la sustentabilidad global. La Tierra, nuestra casa, no puede esperar mucho tiempo más..
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