Con irregularidades desde la misma adjudicación, Petropar está levantando su primera estación de servicio, en un sector de su planta de Villa Elisa. El ente adjudicó extrañamente la obra a la firma que le ofreció realizar el trabajo por G. 100 millones más, y a la que sugestivamente ya contrató en varios otros negocios, demostrando una vieja maña que le caracteriza: la corrupción.
Petropar pretende ingresar al mercado minorista con la puesta en marcha de gasolineras propias, un rubro que desconoce por completo y que desde su inicio ya presenta irregularidades, como la adjudicación a la oferta más cara.
De acuerdo al acta de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas, de finales de noviembre último, la mejor oferta para la construcción de la primera gasolinera de Petropar había sido presentada por la firma “Jónica SA”, a un precio de G. 1.600 millones. En segundo lugar se ubicó “Mancuso & Cía. SRL” con G. 1.695 millones, mientras que en tercer lugar se ubicó Banfer Ingeniería SA”, con una oferta de G. 1.700 millones y “Caldetec Ingeniería SRL” con G. 1.950 millones. Finalmente la empresa “Caraguatay SA” con G. 2.500 millones.
Por motivos inauditos, de presunto “mal llenado de planilla”, la petrolera optó por otorgar la obra a la tercera oferta, que cotizó G. 100 millones más cara, que correspondió a Banfer Ingeniería SA”, con la que ya tenía otros contactos comerciales, como ser la adjudicación de otra obra por G. 2.700 millones, la construcción de una muralla de 500 metros por G. 180 millones y la compra de la misma ¡de diez motocicletas! que no se entiende, al ser una firma constructora. Aparecen como directores de la citada empresa Anderson Roberto Barrios Fedechen, Arnaldo Antonio Argüello Guillén y Rolando Sanabria López.
Por otro lado, la estatal intenta transmitir a la gente que con la puesta en funcionamiento de su gasolinera le otorgaría beneficios al público con menores precios de combustibles. Nada más falso, porque en la práctica la estatal demuestra todo lo contrario.
Recordamos que el 1 de diciembre pasado, la petrolera decidió bajar el precio de sus naftas a los emblemas, en G. 300 por litro para la “económica” y G. 200 para la súper, pero llamativamente la medida benefició exclusivamente a las distribuidoras, habiendo tenido la estatal la posibilidad de instar y lograr que los sellos beneficien al público con un menor precio del combustible, pero no lo hizo. ¿Hubo dádiva por la cual el ente se quedó callado? En los primeros cuatro días de esta reducción de naftas, las distribuidoras privadas se embolsaron unos G. 600 millones. |