Días atrás tuvo lugar una conmemoración internacional lamentablemente no recordada en La Pampa: el Día Mundial de los Humedales. Estos accidentes geográficos no fueron debidamente valorados por los estudios sobre el ambiente hasta hace poco más de medio siglo, cuando activistas y científicos de varias disciplinas llegaron a la conclusión de que no se trataba de acumulaciones ácueas continentales de estancamiento y desperdicio, sino de ecosistemas independientes que actúan como reguladores físicos y biológicos, en algunos casos con una gran importancia y consecuencias sobre el medio circundante. Posteriormente el concepto se amplió a todos los lugares donde el principal componente es el agua, incluidas las franjas costeras marinas. La reivindicación definitiva de esas formaciones se dio cuarenta años atrás cuando en la ciudad iraní de Ramsar, se estableció una convención internacional para preservarlas.
Por cierto que La Pampa tiene motivos sobrados para recordar -sí que con tristeza- a esas entidades. Uno de los más grandes y singulares humedales del país fue, hasta los años cuarenta, el que constituía el río Atuel, que cubría un área no bien evaluada pero sin duda cercana a los 7.000 kilómetros cuadrados, encabalgados sobre La Pampa y Mendoza. Ese ambiente, además, al llegar a nuestra provincia se unía con el generado por el río Salado-Chadileuvú, dando lugar a los "impenetrables bañados del Atuel y el Chadileuvú", según la mención de quien mensuró una parte del sector a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Quien atraviesa hoy a esa región, a seis décadas de la desaparición definitiva del agua, no puede imaginar siquiera lo que debió haber sido en su forma original, con su secuela de lagunas, ríos y arroyos poblados por una enorme diversidad biológica que ha ido retrocediendo casi hasta desaparecer. Y no solamente eso: aquel corredor norte-sur de más de 300 kilómetros de largo también amparó en épocas prehistóricas el tránsito de los primitivos americanos hacia la parte meridional del continente. De aquel paso da testimonio una diversidad arqueológica rica pero no demasiado estudiada en la zona.
Curiosamente en La Pampa, que fue donde aquel fenómeno geográfico e hidrológico adquirió valores cuantitativos más grandes, no ha sido mayormente estudiado. El hecho resulta más extraño porque la provincia ha reivindicado permanentemente sus derechos sobre los ríos -generadores de los humedales- y porque tanto el Estado como la universidad local tienen organismos y carreras específicamente relacionados con el tema, que permanece poco menos que virgen hasta hoy. En lo oficial las acciones se han orientado principalmente al establecimiento de una pequeña área de reserva, en tanto que solamente unos pocos trabajos relativos han surgido del nivel universitario.
En el resto del país también se ha registrado la desaparición de otros humedales, pero se observa un creciente interés por reivindicarlos, preservar lo que queda o jerarquizarlos a través de medidas basadas en los estudios correspondientes. No estaría de más que la provincia, en sus enfoques reivindicativos de sus castigados recursos hídricos, incluyera medidas orientadas a tan interesantes objetivos.
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