"Es uno de los ciervos más lindos que he visto en mi vida". Así describe el biólogo Agustín Iriarte a la taruca, uno de los tres ciervos nativos de Chile y que también se conoce como huemul del norte por su parecido con su mítico pariente del sur.
Pero se trata de una especie completamente distinta al venado que, junto al cóndor, adorna el escudo de Chile. De hecho tiene una contextura más pequeña y su colorido es diferente, predominando un tono café grisáceo y también algunas zonas blancas.
Además, es más escasa. Mientras la población de huemules se estima en 2 mil ejemplares, las tarucas no pasan de la mitad. Y la cifra se concentra principalmente en la Región de Arica y Parinacota, aunque Iriarte revela que recientemente se detectó una población en la Región de Tarapacá, en el sector del Parque Nacional Isluga.
"No se sabe si han estado ahí siempre o llegaron ahora", reconoce el experto.
Su limitada distribución, y también la amenaza que enfrenta debido a la modificación de su hábitat por la actividad agrícola y la introducción de cabras lecheras que compiten por su alimento, hace que la taruca se haya transformado en un desafío de conservación.
Mal desarrollo
Con el fin de crear mayor conciencia sobre la especie, el Ministerio de Medio Ambiente lanzó a fines del año pasado el libro "La Taruca, Huemul del Norte", que distribuyó gratuitamente en centros educacionales de la región y que próximamente se podrá descargar directamente del sitio web del ministerio. La publicación, escrita por los investigadores Jorge Herreros de Lartundo y Walter Sielfeld, abarca a través de 66 páginas todo el conocimiento disponible sobre la especie, complementado con fotografías del escurridizo animal.
La publicación reconoce que el desarrollo agrícola, en especial en la última década, ha contribuido a un violento avance del los cultivos sobre los terrenos silvestres. Entre los mayores impactos se cuenta la construcción de caminos, algunos de alta velocidad, en zonas antes aisladas y la desertificación de áreas de pastoreo y ramoneo de tarucas por la canalización con tuberías de PVC.
También se critica la construcción de estanques de acopio de agua, que cortan el acceso a la fauna silvestre, y en especial los extensos cercos perimetrales de alambre de púas en torno a las áreas agrícolas de localidades de Putre, Socoroma, Lupica, Murmuntani y Tigmanar. Estos últimos han cortado el acceso al agua y generan accidentes, como cojera y muertes de los ciervos.
Según destaca el Ministro de Medio Ambiente subrogante, Ricardo Irarrázabal, está en etapa de elaboración un plan de conservación de la taruca, el que es desarrollado junto a la Conaf. "Hoy el único que existe es el del huemul, pero tenemos el compromiso de elaborarlos para las 400 especies con problemas de conservación. El de la taruca está entre los más urgentes", dice.
Además, explica que, a diferencia del huemul que es una especie que se ha estudiado bastante en el último tiempo y del que incluso se ha obtenido reproducción en cautiverio, de la taruca es muy poco lo que se sabe. "Para llevar adelante un buen plan de conservación se requiere de información científica que avale esta acción", dice Irarrázabal. Para esto, indica, es fundamental involucrar a las academias científicas y a las universidades, especialmente de las regiones donde está presente este animal.
Origen del nombre
La palabra taruca es de origen quechua (taruka significa venado) y aimara (venado pequeño). También se le conoce como huemul del norte, pero esa palabra es de origen mapuche y por eso se prefiere la primera denominación. |